Dice un dicho popular que “el dinero no da la felicidad”. De hecho, todos los días somos testigos de personas que teniéndolo aparentemente todo, deciden acabar con su vida.

Por el contrario, ¿cómo es posible que gente con problemas realmente graves afirmen ser felices?

Está claro que las circunstancias externas no consiguen por sí mismas colmar nuestras ansias de felicidad y que lo que determina el grado de satisfacción de nuestra vida está relacionado con algo que llevamos en nuestro interior.

¿Qué es la inteligencia emocional?

El primero que acuñó este término fue Daniel Goleman, en 1995. Desde entonces se han escrito ríos de tinta sobre cómo aplicarla a todos los ámbitos de nuestra vida, desde las relaciones personales hasta la vida laboral.

¿En qué consiste? Ni más ni menos que en saber encontrar el equilibrio entre razón y sentimiento.

O más bien en cómo identificar, valorar y gestionar los sentimientos para que nos ayuden a tomar las decisiones adecuadas en todos los ámbitos de nuestra vida.

“La inteligencia emocional es la capacidad de encontrar un equilibrio entre razón y sentimiento.

Cómo es una persona con habilidades emocionales

Las emociones no siempre son engañosas. Es cierto que con frecuencia nublan nuestro juicio, pero se han documentado casos de personas con el área límbica afectada (la responsable de los sentimientos) que han tomado una decisión desastrosa tras otra.

No son los sentimientos por tanto, los responsables de que tomemos malas decisiones, sean personales o laborales. Es, según la teoría de las habilidades emocionales, culpa de no saber gestionar bien nuestras emociones.

¿Cómo debería ser una persona que las utilizara bien? Apunta:

1/ Conoce bien las propias emociones. Es decir, sabe lo que está sintiendo en el momento en el que aparece el sentimiento. De esta forma, es capaz de detectarlo y aprovecharlo en su favor.

2/ Sabe manejarlas. Hay quien se siente superado por sus sentimientos. Sufre de melancolía o ira y no puede evitarlo. La persona con habilidades emocionales, por el contrario, sabe que son sentimientos que responden a estímulos o fases y que igual que vienen, se van. Esto les ayuda a serenarse y no dejarse llevar.

3/ Automotivación. Está muy de moda el término coaching, pero a menudo se confunde con motivación. Además, es propio de personas racionales cumplir con los objetivos incluso cuando no estamos motivados.

El coaching por el contrario, es un tutelaje que nos ayuda a diseñar un plan y marcar unos objetivos, así como las acciones que nos permitan alcanzarlos.

La persona que es capaz de automotivarse no dependerá de tener o no tener ganas de hacer algo. Será capaz de marcar un plan a largo plazo y mantenerse firme en el camino.

4/ Empatía. Como veremos más adelante en esta misma entrada, las emociones de los demás generan reacciones en nosotros. No siempre respondemos bien ni tenemos en cuenta qué las ha generado.

La persona empática es capaz de ponerse en la piel de los demás y construir relaciones y vínculos con otras personas.

5/ Manejar las relaciones. Si somos capaces de actuar de acuerdo a las emociones de los demás, seremos capaces de ganar liderazgo y popularidad.

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Las habilidades emocionales en la empresa, qué significan

El verdadero liderazgo en la empresa nace de la capacidad de las personas para inspirar, dirigir y motivar a un equipo.

Y en esta faceta, las habilidades emocionales tienen mucho que ver.

Comienza por un proceso de autoconocimiento, en el que los profesionales aprenden a detectar en sí mismos los mecanismos de las emociones y cómo manejarlos, para después aplicar este conocimiento en los demás.

¿Con qué fin? La empresa moderna necesita cada día más de procesos eficientes que ofrezcan soluciones fáciles de implementar.

Y también es de todos conocido que saber trabajar de forma colaborativa es el futuro de mercado de trabajo.

Cada vez más las empresas van a tender a sistemas modulares, donde servicios y trabajos se subcontratan o completan con el trabajo de otros.

En este entorno, aquellos profesionales que sepan hacerse entender y que sepan entender las necesidades y motivaciones de los demás, son los que serán capaces de destacar y avanzar.

Los cuatro principios sobre los que deben pivotar las habilidades emocionales son:

Autoconocimiento. Ya hemos hablado antes de la necesidad de conocer nuestro interior antes de pretender conocer el de otros.

Pero no es una mera cuestión de observación. Es un proceso que nos permite observarnos a nosotros mismos en el entorno laboral y poder analizar nuestro comportamiento, nuestros sentimientos y motivaciones, para encontrar la forma de aplicar ese conocimiento en los demás.

Autocontrol. Está claro que la tecnología ha aumentado la productividad de las organizaciones. A cambio, ha generado entornos laborales estresantes, llenos de tensión, donde las decisiones y la comunicación no fluyen como deberían.

Por eso, tanto líderes como el resto del equipo deben aprender a autocontrolarse, distanciandose del estrés y de la frustración que le suelen acompañar, para hacer posible un entorno más eficaz y menos estresado.

Asertividad. En las nuevas organizaciones empresariales, se abandonan los modelos piramidales para dar cabida a formaciones horizontales.

Así, cada miembro del equipo es una pieza de algo más grande, no un simple escalafón de una escalera infinita.

Ser capaces de explicar las motivaciones de nuestros actos sin encontrar rechazo o juicios precipitados es uno de los pilares más importantes de las habilidades emocionales en la empresa.

Empatía. El saber reconocer y gestionar los propios sentimientos nos permitirá ser capaces de detectarlos en los demás, anticipándonos a situaciones de crisis y gestionarlas con éxito.

Cómo utilizar las habilidades emocionales en la empresa.

La importancia de formarse en habilidades emocionales

Lo que he expuesto en esta entrada no es más que la punta del iceberg de lo que puede suponer una buena gestión de las habilidades emocionales en la empresa.

Y para ser justos, tampoco son exclusivas de aquellos que quieran formarse como líderes, sino que todos los profesionales pueden desarrollarlas para ser más eficaces.

Por eso, si quieres que tu equipo de trabajo o tu empresa sobreviva a la siguiente década, comienza hoy a formar a sus miembros en habilidades emocionales en la empresa.

¿Está tu empresa preparada para estas habilidades? ¿Me explicas cómo gestionas tus sentimientos en el entorno laboral? Espero tus comentarios a esta entrada, mientras te animo a que me sigas en redes sociales. Estoy en Facebook y Twitter, a tu disposición.

Kenia Montes es maestra y psicopedagoga. Apuesta por la formación de calidad, la inclusión educativa y la integración de la tecnología en las aulas. Diseña formación y asesora a instituciones y empresas.

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