¿Un líder nace o se hace? ¿Todos los que desempeñan alguna autoridad en la empresa o en las organizaciones están ejerciendo el liderazgo? Me consta que es una pregunta que más de uno se ha planteado en el día a día. Y lo cierto es que cada vez existe un mayor interés entre las personas por saber cómo se forma un líder, tanto en los que tienen aptitudes naturales para ello como entre quienes desearían aprenderlas.

¿Por qué tiene tanta influencia sobre nosotros la figura del líder? ¿Por qué todos ansían liderazgo? La realidad es que vivimos en sociedades complejas. Y muchas personas se han percatado de que juntos podemos más que por separado: necesitamos aprender a trabajar con personas, lograr que un grupo de gente pueda conseguir más que la suma de lo que conseguirían por su cuenta.

Para poder gestionar un equipo, dirigir una organización, llevar a un grupo de personas y conseguir que saquen lo mejor de ellas, nos hace falta adquirir una serie de habilidades y competencias que no siempre se transmiten de forma sistemática. Ahí es donde adquiere importancia la enseñanza de cómo se forma un líder en cada área de la sociedad.

Cómo se forma un líder en la empresa.

La competencia de liderazgo y los tipos de líderes

Podríamos hablar mucho sobre la teoría del liderazgo en el desarrollo organizacional. Fue Max Weber una de las autoridades más reconocidas en el tema, cuando distinguió entre tres tipos de líderes: líderes carismáticos, tradicionales y legítimos.

  • Carismáticos: son aquellos que por sus dotes, habilidades y competencias son capaces de atraer seguidores, incluso cuando no son líderes formales (en el campo empresarial, alguien que pone en marcha al grupo, pero sin ser el jefe).
  • Tradicionales: son aquellos que tienen el poder principalmente porque siempre ha sido así. Si lo aplicáramos al mundo de la empresa, encaja con el liderazgo que ejercen los jefes de empresas familiares que han heredado la dirección de una empresa que no crearon.
  • Legítimos: son los líderes que han accedido al liderazgo de forma legal, no mediante trucos o a través de la imposición. Es una condición imprescindible para ser un líder: que la gente reconozca tu autoridad, independientemente de que sepas ejercer liderazgo o no.

Muchos quieren ser líderes y aprender cómo gestionar su empresa o las organizaciones sociales en que se mueven, pero ¿tenemos claro qué es el liderazgo?

Qué entendemos por liderazgo

Hay quienes asocian cómo se forma un líder con la autoridad dictatorial o despótica, la capacidad de imponerse sobre los demás, el hecho de ser temido entre los subordinados (seguidores en realidad) y obedecido.

La realidad es que, aunque éste es un tipo de liderazgo que ha estado presente a lo largo de la historia, no es el más humano, ni el más eficaz para gestionar una organización o transmitir enseñanzas. No es el que más te va a ayudar como empresario a conseguir mejorar el funcionamiento de tu empresa. Y, de hecho, puede generar muchas dificultades. Por ejemplo:

  • Generar estrés entre los trabajadores o miembros del equipo por la extrema exigencia.
  • Destrozar la autoestima de los miembros de la organización, ya que impone su liderazgo mediante el temor y la amenaza.
  • Tiene dificultades para delegar tareas, ya que en el fondo desconfía de las personas que le rodean, carece de empatía y todo su poder se basa en el “refuerzo negativo”, la manipulación o la “disuasión”.

Este liderazgo “autocrático” es el que, por desgracia, a veces se desarrolla de manera natural en las organizaciones. Pero no es el único modelo de liderazgo que no está sustentado en unas bases sólidas.

También está el extremo contrario, que conocemos como el “liderazgo lassaiz faire, un liderazgo pasivo que espera que cada cuál sepa en qué dirección ir, lo que tiene que hacer y cómo trabajar de forma armónica con los demás.

Entre estos, existe un término medio, el del líder que sabe escuchar y presta atención a los miembros de la organización, pero al mismo tiempo tiene criterio, toma la iniciativa y trata de sacar lo mejor de los demás. Es lo que se ha llamado el “líder democrático”, que no sólo se puede dar en el mundo político, sino también en el aula de un centro de formación o una empresa.

Éste no impone sus normas, sino que las explica y tiene la capacidad de generar entusiasmo entre los miembros del equipo. Tiene visión de futuro, capacidad de síntesis y habilidad para ayudar a cada persona de la organización a creer y trabajar en pro de un objetivo común.

Lo cierto es que el liderazgo tiene mucho parecido con un director de orquesta; alguien que ve la escena completa, ayuda a cada músico a sacar lo mejor de su instrumento. Alguien que busca una perfecta combinación de las habilidades y capacidades de cada uno.

“Existen diversos tipos de liderazgo basados en la forma en la que lo ejercen. No existen dos personas iguales, por lo que no existen dos liderazgos iguales.

¿Cómo se forma un líder?

Lo cierto es que, independientemente de tu contexto, el líder no sólo nace, sino que más bien se hace, como han demostrado algunos estudios. O, mejor dicho, incluso la persona que nace con aptitudes extraordinarias de liderazgo debe ejercitarlas y aplicarlas en el mundo real mediante la exposición al mundo y la resolución de problemas.

¿Qué habilidades y competencias son esas que debe ejercer un buen líder?

  • Tener muy claros cuáles son tus principios: un líder que cambia de opinión rápidamente no genera confianza.
  • Compromiso: sólo te percibirán como líder cuando eres el primero que se toma en serio el trabajo en pro del objetivo.
  • Capacidad de escucha activa y comunicación interpersonal: el buen líder ha aprendido habilidades sociales avanzadas para gestionar el trato con los demás.
  • Carisma: el líder puede tener un carisma natural o aprendido, pero en todo caso es una persona que resulta digna de admiración, alguien que merece ser imitado.
  • Capacidad de tomar decisiones: uno de los grandes errores del liderazgo laissaiz-faire es que demora la toma decisiones, o deja las cosas en el aire y sin que lleguen a definirse. Con lo cual, cada miembro del grupo tiende a remar en una dirección distinta.
  • Capacidad de motivar: el líder no es una persona triste o resignada, sino alguien que transmite buena sintonía, pasión por su trabajo y convicción plena de que juntos van a lograr el objetivo.

El liderazgo es aplicable a todo grupo o entorno en el que existe una organización y una dirección. Los profesores deben ser, por ejemplo, líderes y ayudar a sus alumnos a convertirse en los líderes del mañana. Los empresarios y directivos tienen que ejercer el liderazgo para que sus empleados sepan cómo aprovechar su potencialidad y en qué dirección deben moverse.

Lo primero que hay que pensar es: ¿con qué tipo de liderazgo te sientes identificado?, ¿crees que los otros miembros del equipo te perciben como alguien autocrático y rígido?, ¿hay una mala comunicación dentro del grupo?

En otras ocasiones, el problema con el que te puedes encontrar en el aula (o en la empresa, o en el equipo) es que cada cual hace lo que quiere. La gente no sabe muy bien a dónde nos dirigimos, cuál es el objetivo de la clase, qué buscamos. No ven un ejemplo en nosotros y el desorden tiende a apoderarse de la situación.

Hay otros muchos problemas como estos que se pueden producir a la hora de desarrollar el liderazgo. Por eso es tan importante que la persona que ejerce autoridad legítima mejore en esas áreas de cara a ejercer un liderazgo más efectivo. Un coach educativo puede ayudarte a potenciar tus habilidades como líder para conseguir que tus alumnos te sigan.

¿Eres un líder efectivo? ¿Se fían de ti tus seguidores? ¿Has aprendido cómo se forma un líder para dirigir organizaciones o grupos de alumnos? Te invito a que compartas conmigo tus impresiones.

Kenia Montes es psicopedagoga y maestra. Apuesta por la formación de calidad, la inclusión educativa y la integración de la tecnología en las aulas. Diseña formación y asesora a instituciones y empresas.

Pin It on Pinterest

Shares
Share This